viernes, 18 de diciembre de 2009

Cromoterapia segundo capítulo.

En el anterior artículo sobre cromoterapia, veíamos como la luz es capaz de modificar estados de las células y como en última instancia la luz jugaba un papel fundamental en la vida de cada célula.

La luz es una onda electromagnética compuesta por fotones, cuya frecuencia y energía determinan la longitud de onda de un color que puede ser percibida por el ojo humano. La luz visible sólo es una porción minúscula del espectro electromagnético. La luz se propaga sobre un medio llamado éter.

Las cosas se condensan en la tierra, se fluidifican en el agua, se transmutan en el fuego, se sutilizan en el aire y se hacen incluyentes y universales en el éter.

Todas las relaciones humanas físicas, químicas, espirituales son un intercambio de luz, somos procesadores de la luz. Max Planck (físico alemán), demostró la interacción de la luz con la materia, y aquí la luz no se comporta como onda sino como partícula: corpúsculo. Nos encontramos con esta dualidad y vemos que una cosa no es siempre esa cosa, que una cosa puede tener distintos comportamientos sincrónicamente.

Un resonador es un instrumento que permite que una oscilación electromagnética llegue, la almacena, la auto entretiene y la emite. Todo nuestro cuerpo y su biocampo es un resonador biológico. Como vimos en el artículo anterior, las células emiten minúsculas cantidades de luz a ritmos específicos y a ritmos constantes, y gracias a ello se comunican. Este efecto fotónico proviene de una emisión de luz del exterior y un campo electromagnético propio emitido por el ADN.
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