jueves, 28 de noviembre de 2013

La Tierra. La energía de la montaña. Capítulo VI.

Hace ya algunos años me preguntaba cuál era el motivo por el que alpinistas y montañeros se empecinaban una y otra vez en subir a las cumbres más altas del planeta, en unas condiciones muy duras arriesgando su vida, y en algunas ocasiones perdiéndola.

Con el acercamiento que tuve a las montañas, especialmente al Pirineo Aragonés, por cercanía, me fui dando cuenta de la energía que poseían y del magnetismo que despertaban. Así que no me extraña que los alpinistas vuelvan una y otra vez a intentar ollar las cumbres más altas del planeta.

La montaña ofrece una energía pura y en ella el ser humano encuentra una parte de sí mismo que parece que nos haya sido extirpada hace demasiado tiempo. Un vínculo con la madre Tierra que es difícil de explicar y donde las palabras se quedan cortas dando paso a la energía que se despierta de unidad con lo nuestro, Gea, nuestra madre.

domingo, 24 de noviembre de 2013

La Tierra. La energía del mar. Capítulo V.

A una persona que ha nacido al lado del mar, se le hace difícil vivir lejos de él. En general, a todos los seres humanos nos complace y nos nutre la presencia del mar en nuestras vidas, aunque hayamos nacido en el interior.

Los océanos poseen el código universal de la vida, el primer atisbo de vida se creó en ellos. Eso es lo que recordamos los seres humanos en nuestro ser más profundo: parte de nuestra energía pertenece al gran azul.

 Cuando nos bañamos en el mar nuestra energía se ancla y se hace más presente en nosotros, beneficiándonos en varios aspectos. Primero porque nos permite “limpiarnos” de residuos energéticos que no nos pertenecen, y segundo porque, como he mencionado antes, conseguimos expresar la energía de lo que realmente somos.
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